Pueblo mapuche y su relación con la naturaleza: un aporte fundamental a la sociedad

Por César Saavedra – La forma de vida de los pueblos indígenas es un aporte a muchos de los más acuciantes dilemas que vive el mundo actual. Desde la concepción ancestral, la naturaleza no es una cosa, una simple fuente de recursos puesta al servicio de los seres humanos que asumen una lógica de dominación y explotación sobre las demás formas de vida. En las cosmovisiones de las naciones originarias, el mundo está vivo y todo lo que existe merece respeto, ningún ser es superior a otro.

Para los mapuche la Ñuke Mapu (Madre Tierra) es sagrada, y Ekuwün o respeto por ella está integrado a la vida cotidiana. También son sagrados los animales, las plantas, el suelo y el resto del mundo material, y la vida misma es entendida como una gran cadena, y desde esta comprensión advierten que un ataque a la naturaleza produciría un daño a la totalidad, una ruptura del equilibrio.

Algo impensable desde la racionalidad economicista occidental, las familias de los lof respetan los ciclos de la tierra y por ello hay periodos en que la dejan descansar, no la sobreexplotan y le dan la oportunidad a los suelos de recuperar su fertilidad.

Frente a la depredación de los ecosistemas del Wallmapu realizada por las empresas capitalistas (especialmente forestales) y el modo de vida wingka, cuyo sistema económico está basado en la codicia y en la acumulación sin límites, aún a costa de la explotación del hombre por el hombre, la extinción de especies y el agotamiento del agua, los hijos de la Ñuke Mapu se alzan para defenderla en una actitud de amoroso agradecimiento. ¿Qué hijo agradecido no se levantaría para defender a su madre al ver que está siendo vejada?

La transgresión a las normas del Ekuwün rompe el equilibrio entre el cosmos y el ser humano, trayendo consecuencias negativas al cotidiano de las comunidades. Para el pueblo mapuche el mundo espiritual está siempre presente en la vida cotidiana y el territorio que habita es un testimonio de esa espiritualidad. Las montañas, los ríos, los lagos, son lugares donde habitan seres divinos que ejercen un rol protector.

En cada elemento de la naturaleza está el newen (fuerza de vida) y un ngen (espíritu) que lo protege. El mapuche establece una relación de respeto con un mawiza o monte, un menoko o fuente de agua, un lewfü o río, el lafken o mar, y un zegüñ o volcán.  

Las familias solo toman de la Ñuke Mapu lo que necesitan, ya que es la manera de mantener el equilibrio de todo lo que existe. Se trata de una visión diametralmente opuesta al estilo de vida accidental, que promueve prácticas extractivistas que agotan los recursos naturales y que se orientan a la riqueza material de unos pocos, dejando a su paso miseria y destrucción del medioambiente.

La crisis ambiental que padecemos exige que nos reconectemos con la madre tierra y aprendamos del Buen Vivir mapuche (Küme Mogen), que se refiere a lo que es justo, equitativo, ineludible y concerniente en todas las etapas de vida, y se opone al individualismo y el acaparamiento.

En este sentido, un concepto fundamental es Itrofill mogen o “toda la vida sin excepción”, cercano a lo que en español denominamos “biodiversidad”. Sin embargo, es más profundo ya que integra la dimensión espiritual (feyentun).

Existen millones de formas de vida que mantienen toda la vida, que en suma es una sola gran vida. Por lo tanto, Itrofill mogen es todas las vidas que existen. Para el mapuche, por ejemplo, la muerte no es la desaparición total de un ser vivo, sino es un paso para otra vida. Los ancestros están presentes y tienen una función vital en el mundo físico o Mapun, un espacio que permite la vida, sociabilidad y colaboración entre familias. Incluye el territorio, sus energías, espiritualidades, fuentes de aguas, flora, aires, animales y aves.

El pueblo mapuche no concibe el mapun como planeta (solo el plano de la tierra), sino como todo el contorno de vidas y energías: el wenumapu (hacia arriba), nagmapu (superficie), y ninchemapu (subsuelo). La función de la persona, entonces, es luchar por mantener el equilibrio y armonía entre los diversos planos.

A la pregunta sobre qué podemos hacemos para sobrevivir a la crisis planetaria que abarca la dimensión ecológica, de justicia social y de la propia supervivencia como especie, la respuesta la tienen los pueblos indígenas.

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